viernes, 18 de agosto de 2017

Santa María la Mayor




Uno de los muchos edificios interesantes de Ezcaray es la iglesia románica de Santa María la Mayor, fechada durante los siglos XIV-XV.

El ultimo dia de semana santa se celebran las llamadas Aleluyas. Las autoridades suben a la balconada de Santa María la Mayor y arrojan al populacho caramelos, monedas y hasta billetes para que se peguen entre ellos.

jueves, 17 de agosto de 2017

Ezcaray




Este puente he hecho una escapada a Ezcaray, en la Rioja Alta. Pueblo señorial y montañes, con grandes atractivos, desde las pistas de esquí a las rutas de senderismo. Ahora bien, no aconsejo ir en pleno ferragosto. Entre las vacaciones estivales y las fiestas de san Lorenzo, había mas gente que en la guerra. Como dato significativo os contaré que he oído hablar en euskera bastante mas que en Bilbao. En cualquier caso, hacia un tiempo fresquito y se estaba muy bien. La oferta gastronomica es variada y de calidad. Si no podeis (como yo) permitiros cenar en el Etxaurren, os reomiendo el masip o el bar de la antigua estación.

jueves, 22 de junio de 2017

SINSORGOS DEL ESPACIO EXTERIOR





Desiros tengo que no he estado en Bilbao desde inundasiones de 2963. Jesus, María eta Joxepe! ¿Qué fue aquello? La vida me arruinó aquel aguadutxu de meteoritos. En la charcutería molecular  que tenía en erribera de Deusto un pedrusco grande me cayó que no había harrijasotzaile que lo levantara. Y como seguros en esa época también no teníamos, emigrar tuve que haser. A Plutón me fui, no te digo más. Y allí pues bien. Trabajo de funsionario ya conseguí en la confederasion intergaláctica y tal. Allí lo único un poco fresco, que estaban en cuarta glasiasión. Mejor si hubiera llevado una rebequita o algo. 

Así que, cuando mandakari me guachapeo para ir a Bilbao a haser evaluasión, pues yo que sí, oyes, encantado. Ocasión así no voy a perder. Ganas grandes tenia de ver el  botxito en 2984. Me meto en el agujero de gusano y direto al astropuerto de Atxuri en un di-da.

Me digo “voy a dar un vuelta por Somera a ver si queda por allí alguno de la kuadrilla”, y que va, oyes. Solo hay replicantes, mutantes, hípsters y alienígenas. Zelako naste borraste! Ninguna cara conosida. Cantidad de turistas de todo el sistema solar moviéndose en grupo por las siete calles, juntos juntos como manadas de estorninos. Ay ene!

Un venusiano con cara de compota se me arrima chapurreando que si sé algún local para  potear compuestos vitamínicos. “No voy a saber, laztana! Ya te llevo yo a una taberna con fuste”. Echamos a andar por el kasko, y nada. No hay más que franquisias,  tecnomercadillos vintage y panaderías quánticas. Menos mal que al final encontramos el bodega de Joxemiel, con los mismos aseleradores de partículas de toda la vida y.

Voy y le digo al clon expendedor: “txiki, nos pones al sapaburu y al menda dos buenas novocaínas en su tubo de ensayo, pero sin cardamomos ni ostias, eh”. Y  me sale con que allí no se sirven clorhidratos de año, que eso es cosa de neotxikiteros y que allí solo tienen txakolin gorri y no sé qué modernidades. Le daba un txalo con la mano abierta a ese txorroborro que se le quita la tontería en un nanosegundo. Si mi aita levantaría la cabesa criogenisada, armaría un tiberio de órdago a la grande.

Ay, Bilbao, como has cambiao. Distopía y gentrificasíon. Hasta ganas de llorar me entran, oyes. Ya nadie habla euskeranto, el Athletic ficha extraterrestres. La ría llena de batiscafos turísticos está. Aquellas elegantes escafandras de mil rallas se han quedado osoletas.  Nadie canta ya nuestras cansiones de siempre,  ni el bugy  bugy ni un alien vino a Bilbao. Todas las viejas  tradisiones se están  perdiendo. Como lágrimas en el sirimiri.
 

viernes, 31 de marzo de 2017

central

 
 

El Café Central de Madrid, es uno de los locales de jazz de referencia a nivel mundial. Tete Montoliú, Don Pullen, George Adams, Wynton Marshalis, Chano Domínguez, Paquito D’Rivera, Lou Benett, Jorge Pardo y muchos mas, no solo del mundo del jazz, han tocado en su escenario. Javier Krahe grabó aquí el que fue su ultimo disco.
Encimeras de mármol, grandes ventanales a la Plaza del Angel, y unas vidrieras art decó muy chulas.
 
Hace poco estuvo a punto de sucumbir a la renovación de las rentas antiguas, pero el apoyo de muchos aficionados y de las redes sociales salvaron in extremis al lCentral de reconvertirse en un Zara, y hoy en dia vuelve agozar de buena salud. La ultima vez que estuve, me hice una foto con Ray Gelatto.

martes, 21 de marzo de 2017

libertad 8


El café Libertad 8 se encuentra en el número 8 de la calle Libertad. Quizás de ahí le venga el nombre. Lo cierto es que los vientos de  libertad a menudo se colaron por las rendijas de este local. Durante los años de la dictadura fueron un hervidero del antifranquismo. El PCE estuvo ubicado enfrente y la CNT también tuvo un piso no muy lejos de allí. La célula ferroviaria del partido comunista tenía su sede en el mismo local donde hoy está el café.

A partir de los años 90 el café empezó a albergar conciertos de pequeño formato, pero no de pequeño interés. Muchos cantautores de la época empezaron su carrera  musical sobre este minúsculo escenario: Pedro Guerra, Jorge Drexler, Rosana, Ismael Serrano, Amaral…

 La última vez que estuve, el camarero me confundió con Riki Lopez. Desconozco la razón de la equivocación porque poco tenemos en común el cantautor mallorquín y yo, excepto quizás la descarnada alopecia que a ambos nos asola.  A él un día, tras  un concierto, le dijeron unos espectadores “HAS ESTADO BRILLANTE!” para advertirle que el brillo de los focos sobre su calva les deslumbraba.

domingo, 19 de marzo de 2017

Bodegas Ricla


 
Otra taberna castiza es Bodegas Ricla en la calle de Cuchilleros nº 6, muy cerquita de la Plaza mayor. Se fundó en 1910, aunque en 1867 ya hay documentada una bodega en el mismo local. Sus fundadores provenían del pueblo de Ricla, en Aragón, y le pareció una idea bonita ponerle al bar el nombre de su pueblo. Se cuenta que durante la guerra civil, los vecinos usaban la cueva como refugio, para protegerse de los bombardeos.
 Se conservan las tinajas donde se servía el vino, recios y aromáticos tintos de Navalcarnero y de Extremadura que se guardaban en las tinajas y que hasta hace no tanto se vendían a granel. Recomendables el vermú de grifo y  las rebanadas de bacalao en aceite.

jueves, 16 de marzo de 2017

barbieri


 
Otro café que se desarrolló a la sombra de un teatro es el  Barbieri, en Lavapiés. Del teatro no queda ni rastro pero parece que en tiempos fue muy conocido por sus espectáculos de varietés, con números picantones  que disparaban la lívido del Madrid finisecular. Cuentan que había un túnel que conectaba el café con el teatro, y que en ocasiones lo usaba Alfonso XIII para sus encuentros furtivos con las cabareteras del teatro, en la tenue intimidad de los camerinos. Ya se sabe que los Borbones nunca fueron remilgados a la hora de acometer a sus reales súbditas.
 

El caso es que el café Barbieri ha sobrevivido a más de un siglo de ajetreadas coyunturas, sin demasiados cambios en su apariencia. En un tiempo fue conocido por su oferta de comida a domicilio, por su ingesta clandestina de absenta en otro. Centro de tertulias en su día, chocolatería en su otro día.
Ultimamente le han dado un lavado de cara a sus desconchadas paredes y un repaso al tapizado de sus butacas. Ahora sus estilizados espejos reflejan el destello de los cocteles y los focos de los conciertos, variados según el  día de la semana, bajo la atenta mirada de la imagen de Erato, hija de Zeus y Mnemósine, musa de la lírica coral y la poesía romántica.

lunes, 13 de marzo de 2017

Pavón



El café Pavón se encuentra en la calle Embajadores, entre la Latina y Lavapiés, en el chaflán de un edificio de arquitectura art decó.

Recientemente se ha traspasado y sus nuevos propietarios, Jorge Rueda y Jose Olivier, lo han reabierto manteniendo todos los elementos originales del local, su barra de estaño, sus grandes ventanales, su suelo de hormigón pulido. Tiraron un falso techo de escayola, y allí aparecieron unos elegantes artesonados de madera que han permanecido escondidos durante años. Total, que los nuevos responsables del cafe Pavón pueden pavonearse de haber mantenido la esencia y el ambiente de este tradicional café de barrio, que igualmente atiende a los espectadores del también restaurado Pavón teatro kamikaze, que se encuentra en el mismo edificio.
Y ahora viene lo mejor: me cuenta Pepón que antes lo atendían dos hermanos bizcos, circunstancia que ya por si sola justifica hacerse cliente habitual. Pero resulta que uno de los camareros que trabaja ahora, después del traspaso, también es bizco ¿es una condición resolutoria que el antiguo propietario impuso a sus adquirentes? ¿Una feliz coincidencia? ¿Un ajuste del equilibrio cósmico?

lunes, 13 de febrero de 2017

callejon del gato

 "En el callejón del Gato hubo hasta hace poco, calzados en la pared y del tamaño del transeúnte de estatura regular, dos espejos, uno cóncavo y otro convexo que deformaban en don Quijote y Sancho a todo el que se miraba en ellos".

 
Ramón Gómez de la Serna

 

Entre la plaza de Santa Ana y la Puerta del Sol pasamos por el Callejon de Alvarez Gato, calle corta y estrecha, peatonal, con algunos bares reseñables, como el Villa-Rosa, uno de los bares más antiguos de Madrid, cuya fachada está ricamente decorada con azulejos del maestro Alfonso Romero, o  la Taberna pompeyana, que reproduce mosaicos bastante subidos de tono (por no decir directamente pornográficos) hallados entre las ruinas de Pompeya.
Pero sin duda lo mas sobresaliente del Callejon del gato se encuentra en la Taberna de las Bravas, un bar bastante anodino en mi opinión, aunque ciertamente habiles en la preparación de esta receta de patatas. Pues bien, en su interior (los del exterior son réplicas de los originales) se conservan los espejos, cóncavo y convexo, que reflejaban las fatídicas  peripecias nocturnas de los protagonistas de luces de bohemia. El poeta ciego  Max Estrella y su fiel amigo Latino de Hispalis, arrastran su miseria por  la noche madrileña y ponderan sus grotescos reflejos estampados en estos espejos. 
 
Por boca de sus personajes Valle-Inclan nos explica su idea del esperpento, genero literario que explora en su obra y cuya invención atribuye a Goya:   "Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. España es una deformación grotesca de la civilización europea”

 

martes, 7 de febrero de 2017

Candi



Debeis sin falta acudir a la calle noviciado 16, y entrar en Casa Candi, uno de esos bares totalmente marcados por la personalidad de su dueño. Y lo que le gusta a su dueño es el jolgorio y el cachondeo. Alli siempre hay alguien cantando sin pudor o arengando a la concurrencia. Y si se templa la algarabía, el propio Candi coge su palo flamenco y empieza a aporrearlo. Que el ritmo no pare. Le da igual que la barra esté abarrotada de gente esperando a que les sirvan. Él a lo suyo. Ya atenderá alguien.



Empieza con los desayunos de buena mañana y luego el tapeo y lo que venga. No han de faltar los cacahuetes, oreja de cerdo, olivas, o alguna delicia asturiana. Y si la cocinera (consorte del susodicho) está inspirada,  corazones de pollo. La velada se estira por las noches, a menudo hasta la madrugada, ya con la persiana medio echada. Haga usted lo que quiera. Se puede fumar dentro y beber fuera, que las ordenanzas municipales no son vinculantes en el Candi.

Enrique Urbizu, director bilbaíno asentado en Madrid, para aliviar esa drástica migración,  se asentó en el portal contiguo al Candi y se sentó en el Candi y allí tiene su tasca de cabecera y centro de conciliábulo.

La primera vez que yo fui celebramos el cumpleaños de los hermanos Schwartz, galenos  guanches y excelentes personas, capaces de soplarse unos tercios sin conculcar el juramento hipocrático y, como de costumbre, Candi puso casi tanto empeño en que lo pasaramos bien como en pasárselo bien él.  


viernes, 3 de febrero de 2017

el Palentino



En el barrio de Malasaña, antes tan de la movida y ahora tan hipster, subsiste un local ajeno a todas las modas: el Palentino.
Lamparas florescentes y espejos desazogados. Botellas de Soberano y carteles de Fanta. Su aspecto viejuno podría corresponderse con cualquier otro de la prfunda España. Pero éste está situado en el epicentro de la modernidad, ignorándola displicentemente. Quizas por eso acuden a borbotones los modernetes. Lo mismo te puedes encontrar allí con Calamaro que con la gran Esperanza blanca. Dicen que Hermida fue habitual en su banquillo, que manu Chao grabó allí el videoclip para “Me llaman calle” y que Alex de la Iglesia ha construido una replica del Palentino para rodar su última película “El Bar”.
Conviviendo pacificamente, eso si, con los parroquianos del barrio, que acuden a ver el partido en la tele o a echar la partida, en este templo intemporal de la calle del Pez que continua sirviendo sus botellines a 1,20 euros y su bocatas a dos euros.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Tigre y Benitez




La sidrería el Tigre, en la calle de las Infantas,  es un local frecuentado por estudiantes y juventud de escasos posibles. Es conocida por las tapas que ponen con la consumición. Tortilla, montaditos, paella, patatas bravas… No es que elijas uno de estos pinchos, no. Te lo sacan TODO.  Basta con que pidas una cañita para que te pongan, por la cara, un plato abarrotado de comida, todo ahí amontonado como un barreño. Las cantidades son verdaderamente impresionantes, aunque obvia decir que no es un local para gourmets. De hecho esto,  más que una recomendación, es una advertencia.
El establecimiento del dibujo no es el Tigre, sino la sastrería que tiene en frente, pero que me apetecía más dibujar: confecciones Benitez, la tienda de moda menos de moda que uno pueda imaginar.

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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